Brindis con burbujas: Espumantes y algo más...
- Casa Dionisio

- 17 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Llegan las fiestas y con ellas las ganas de brindar, y es por ello que tanto las reuniones familiares como las juntadas con amigos o de negocios, empiezan y terminan con un brindis, y ese brindis es con burbujas...

Muchos en casa y también en restaurantes, siguen utilizando la copa flauta o la copa abierta y chata, supuestamente inspirada en los pechos de María Antonieta. Y si bien ninguna de las dos es la más apta para apreciar un buen vino espumoso, son íconos de la celebración.
Aunque muchos no lo sepan, la mejor copa para servir un espumante es la de vino blanco. Sí, porque se trata de un vino, más allá de sus burbujas. Este tipo de copas, siempre servida hasta el ecuador (la parte más ancha), permite apreciar también sus burbujas, es cierto que no tanto por su recorrido, pero sí cuando llegan a la superficie. Además, al ser de boca más ancha, se pueden apreciar mejor los aromas sin que moleste el gas carbónico. Por último, es la manera en la que este tipo de copas permite que el espumoso entre en la boca, permitiendo sentir mejor el equilibrio de texturas entre las burbujas y la acidez.
Más allá de los métodos —tradicional (botella por botella) o Charmat (en grandes tanques)—, la clave está en la uva, y en el lugar de donde proviene.
La cultura local de las burbujas no es nueva, pensar que en 1927 se elaboró el primer vino de método tradicional, y desde 1959 una de las casas más importantes de Champagne se estableció en Mendoza para elaborar ese tipo de vinos, por primera vez fuera de Francia. Ya pasaron 60 años de aquel hito que forjó el paladar de los argentinos y dio vida a la categoría más famosa a nivel local (Extra Brut), que ha trascendido las fronteras.
Más allá de los métodos —tradicional (botella por botella) o Charmat (en grandes tanques)—, la clave está en la uva, y en el lugar de donde proviene. Es que el clima continental desértico de la mayoría de las zonas vitivinícolas del país, favorece la buena madurez de las uvas, aunque a su vez esto atente contra su frescura natural, porque a medida que los granos generan azúcar pierden acidez, indispensable para un buen vino espumoso.
Es por ello que, más allá de emplear principalmente las mismas cepas que en la Champagne (Chardonnay y Pinot Noir), los hacedores privilegian los viñedos de altura, ya que bajan las temperaturas medias y se acentúa la amplitud térmica.
Además, esta nueva calidad de uvas permitió, no solo captar mejor el carácter de un lugar, sino lograr vinos base que puedan desarrollar complejidad durante la segunda fermentación, ya que durante el contacto con lías se mantienen vivaces, adquiriendo atributos propios de los grandes exponentes. El más nítido y disfrutable es el equilibrio, dado por esa textura suave y casi cremosa que conforman las finas burbujas con la acidez natural del vino.
¿Qué vinos conviene tener en casa para un brindis con buenas burbujas?
Y si bien en esta época de brindis conviene tener siempre a mano vinos espumosos listos para descorchar, hay ocasiones que piden otro tipo de vinos.
Ideal es disponer de un mínimo stock en casa, con al menos dos exponentes de cada tipo de vinos. Uno para un brindis informal y otro más especial, ya sea para acompañar una comida o bien como regalo.

Empezando por los vinos espumosos, y más allá de los gustos, el primero debería ser fresco y agradable, con el foco en la fruta como suelen ser los métodos Charmat. Mientras que el segundo, debería ser más complejo y equilibrado, con cuerpo y estructura, como los buenos exponentes del método tradicional.
Tener al menos una botella de cada en la heladera, y prever una frapera (con agua y hielo) para servirlo manteniendo la temperatura. Otra opción son las botellas individuales (187cc), ideales para disfrutar solo o compartir una copa con alguien; ocupan poco espacio y se enfrían muy rápido.
En blancos, rosados y hasta naranjos (blancos vinificados como tintos), se puede jugar también con estilos diferentes. Por un lado, los más jóvenes y vivaces, suelen ser más simples y van bien para beber solos por copa, o acompañar comidas informales como ensaladas, pizzas y sushi. Mientras que los exponentes con más cuerpo son ideales para mesas más elaboradas. Una picada con quesos y fiambres seleccionados, un pescado al grill o un arroz, serán la mejor compañía.
También, este tipo de vinos son ideales para regalar, ya que los blancos y naranjos más pretenciosos, suelen venir en botellas más pesadas y mejor presentadas. Y muchos rosados de buena categoría se lucen con sus botellas que se asemejan más a frascos gigantes de perfume que a botellas de vino.
En esta época, más allá del calor y de las fiestas, el tinto sigue siendo el vino más elegido, tanto sea por costumbre como por diversidad de propuestas. Lo cierto es que siempre conviene tener a mano un par de vinos tintos listos para descorchar. Uno más joven y fresco, y otro más importante. Ya que, si bien ambos irán bien con carnes a la parrilla, se lucen en momentos diferentes.
El primero, más ligero, puede servirse refrescado y al principio, acompañando la picada, el chorizo y la morcilla. Mientras que los que tienen más cuerpo, son ideales para los cortes principales. Claro que si hace calor también se pueden refrescar, aunque hay que tener más cuidado acá porque el frío potencia los taninos.
En todos los casos, los vinos deben ser refrescantes y acompañar el momento de la mejor manera, ya que, si bien no son los grandes protagonistas, pueden aportar mucho para que la celebración se inolvidable.






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